Small grasshoppers.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Epílogo.

Como veis, Soy Tuyo ha acabado. Quiero ser breve, así que solo puedo daros mil gracias por haber llegado hasta el final, que después de casi un año desde el primer capítulo, os merecéis un premio enorme. También deciros que en estos últimos capítulos he hecho una recopilación de algunas fotos del maravilloso Miquel. En fin, muchísimas gracias por haber aguantado hasta el final, y recordad que seguiré escribiendo.

Hasta pronto gente. Un abrazo.




















Nunca he estado de acuerdo con eso de que no hay mal que por bien no venga. Siempre me ha parecido que lo malo es malo y lo bueno es bueno. Pero en este último año he aprendido que estaba muy equivocado, más de lo que me imaginaba.


Después de muchísimos juicios, mi padre empezó a pudrirse en la cárcel el 28 de octubre. Una condena de cinco años, que viendo como está España hoy en día, se quedarán en dos, por buen comportamiento o por chorradas de esas.


Ari y mi madre están bien, lo van superando poco a poco. Mi madre nos presta más atención que a principios de verano y ahora está aprendiendo a pintar. Este año se ha quedado en casa intentando hacerle un retrato a mi hermana, la cual, este curso pasado empezó primaria.


¿Qué decir sobre mi en este último año? He acabado segundo de bachiller, me he sacado el carned de conducir y he conocido a una chica. Bueno, he conocido a varias, pero Elisabet me gusta, me gusta bastante...


Suspiro mientas miro a la carretera y me coloco las gafas de sol.


Conduzco rumbo hacia el pasado, un pasado que ahora, ante mis ojos, parece ser la historia de mi libro favorito, parece ser una vieja fotografía que encontré en un cajón, parece ser la peli que vi hace años y que tanto me gustó. Pero no, es la realidad, mi cruda realidad. Y aunque haya pasado un año, un año de cambios y nuevos sentimientos, sé que donde hubo fuego hay cenizas.


Probablemente todas aquellas promesas, todos aquellos "para siempre" hoy no sigan vivos, pero me sorprendo a mí mismo cuando pienso en Lali y sigo sonriendo, o con el simple hecho de recordarla cada día que pasa. Dios mío, dime, ¿qué es lo que va a ocurrir ahora?


Aparco el coche delante de mi casa de verano. Cruzo el portal y abro la puerta. Oscuridad. Recuerdos.


Arreglo y limpio un poco lo que viene a ser ... todo. Después de tres horas, me tumbo en la cama donde hace un año estube con ella, apunto de hacerla mía. Suspiro. Abro el cajón de mi mesilla, y ahí están, como me temía, todos mis dibujos.


-¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!!- grito, me echo las manos a la frente, me sacudo en el colchón.-¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!!


¡Dios, Dios, Dios! He querido hacer esto desde hace muchísimo. Gritar, gritar con rabia, con ira. Gritar porque no la tengo, gritar porque todo me la recuerda. Pego unas patadas fuertes al colchón y me relajo. Ahora me río a carcajadas. Quien me vea creerá que estoy chiflado. Y es cierto, lo estoy. De dudas, de alegría, de descanso. De amor.


¡Ding dong!


Bajo las escaleras y abro la puerta. Mil imágenes pasan por mi cabeza y sonrío.


-En media hora tenemos que ir a la verbena, así que si no te vas a duchar, te ducho yo a escupitajos.


Mi mejor amigo y su increible sentido del humor. Lo abrazo con fuerza. Se ha rapado los rizos.


Mi felicidad aumenta, y mis ganas de gritar también.


-Enseguida vuelvo.-le digo a Marcos mientras subo las escaleras.-¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHHH!!


-Definitivamente, Alex, estás como un cencerro.


-


Odios los aviones. Repito. Odio los aviones.


Hace tres horas que me he bajado y sigo mareada.


-Elena, ¿dónde has puesto el rimel?- le pregunto a mi prima


-¡En el neceser rosa!- me contesta desde el baño.


-Perfecto, y ahora dime en cuál de los diez.


Oido su gruñido y viene con una toalla rodeándole el cuerpo, otra el pelo, y el cepillo de dientes en la boca.


-Anda, ten.- remuga mientras se quita la toalla de la cabeza y deja su frente al descubierto.


Se puede divisar bastante más arriba de la ceja derecha, como empieza una cicatriz que se pierde en su pelo rubio. La miro riéndome mientras se vuelve a ir al baño.


-¡Gracias!


Después de ponerme rimel, me cepillo el pelo. Es fácil desenredarlo cuando no mide cincuenta centímetros. Antes empezaba en la cabeza y acababa en la cintura. Ahora empieza en la cabeza y acaba en la cabeza, fin. Al principio me decían que parecía un tío, ahora me dicen que me sienta genial. Me miro al espejo, he cambiado de un año a otro, muchísimo.


Las experiencias duelen, pero de ellas se aprende, se madura. Te enseñan a vivir. En estos últimos meses, he pasado de ser una chica muy cariñosa con todo el mundo, a serlo solo con quien de verdad se lo merece. Me he sentido feliz, me he sentido viva. Pero también frustrada al esperar algo que no podía tener. Tengo casi dieciocho años, y en ocasiones me he sentido más pequeña. Sí, pequeña e impotente, pequeña y débil. Pero realmente pocas personas saben lo que duele, y realmente no se lo deseo a nadie.


Incluso estos últimos meses, cuando ya ni siquiera hablaba con Alex, aun me dormía pensando "aguanta un poco más, ya queda poco", y ahora que estoy a media hora de cumplir el deseo que he pedido durante un año, no tengo ni idea de lo que quiero. Bueno, intento tranquilizarme y ver qué ocurre.


-¿Estás lista?- pregunta Elena.


-Sí, vámonos.


***


Todo lleno de gente, todo huele a algodón de azúcar y la música flota en el aire.


Me vestidito de gasa vuela entre mis piernas, y en ocasiones me molesta el fresquito de la noche. Hoy estreno zapatos.


-Elena, ¿llevo bien el maquillaje?


-Espera- me pasa la mano por el párpado- ahora sí, perfecta como siempre.


Sonrío. Estoy tan nerviosa que quiero que todo sea perfecto. ¿Pero por qué? Se supone que ya no le quiero. ¿O sí?


Oh, Dios mío, se me ha olvidado echarme colonia. Seguro que mi prima lleva. Miro en su bolso. Por suerte ha cogido la mía.


Suspiro. Buff, estoy sudando. Intento escuchar lo que dicen las amigas de mi prima mientras esperan al grupo de chicos. El grupo de chicos donde está Alex. Alex. Alex, Alex. Alex dos veces. Alex multiplicado por 7. Alex. Alex a la cuarta. Alex, Alex, Alex. Miro al suelo mientras mi pie no para de moverse. Alex.


-Mmmh, Lali ...


-Dime Elena...- se me hace un nudo en el estómago por su tono de voz.


-Mira allí...


Me giro hacia la derecha, y sí, efectivamente, allí está él. Y se me encoge el corazón. Y palpita los más rápido que puede. Él, él. Miro a Elena, se me inundan los ojos. Debo de tener cara de poker. Y ahora lo sé claro. Que yo no hubiera sido capáz de romper una promesa. Que un amor tan grande no se tapa ni camufla con nada. Que le quiero. Que le quiero mil veces.


-No, eh, no. Ni se te ocurra llorar, que se te corre el maquillaje.


-Vale, vale. Ya está. 


-


Parece que es la misma feria del año pasado. Las mismas luces, el mismo ambiente, incluso la misma música, desgraciadamente. Todo mi cuerto está como en shock, no sé muy bien por donde ando ni lo que hago. Marcos ya me ha dado un par de bofetones para que espabile, en vano. El único efecto ha sido el cambio de color que ha hecho mi mejilla.


Todo da vueltas a mi alrededor. Busco algo que realmente no sé si está cerca de mi. Y entre las chicas del grupo de Elena por fin, la veo.


Me ha costado reconocerla pero ahí está. De espaldas a mi, subida a los tacones en los que nunca la vi y con el pelo muy corto. Pero está preciosa. Ha cambiado mucho, se le ve que ya no es una niña. ¿Estará con alguien? ¿Tendré otra oportunidad? Me cuesta decir que la he reconocido por sus gestos y la forma de moverse, pero en el fondo me gusta, quiere decir que sigue siendo la misma.


Mientras pienso todo esto, no noto mis latidos, ni mi respiración. Solo veo miles de imágenes pasar por mi cabeza a la velocidad de la luz.


Se gira hacia mi, como sabiendo que yo estaba allí observándola. Me mira y agracha la vista. Luego vuelve a mirar y me sonríe ámpliamente. Veo como sus ojos se vuelven de cristal y su nariz se enrojece. Hago lo mismo involuntáriamente. Y ahora solo la veo a ella, a mi Lali. Por fin.


Corro hacia ella, y la abrazo. La siento cerca. No me lo creo. Su perfume, me resulta tan familiar. Me siento como en casa. Como en mi hogar, donde debo estar. Suspiro, y cuando suelto el aire, parece que todos los dolores que sentí desde su partida, se van expulsando poco a poco, para no volver.


Ay, Lali... Mi Lali, si supieras cuánto te he echado de menos. Si supieras cuánto te necesité.

27. Lali














Camisetas: Hecho.


Pantalones y faldas: Hecho.


Zapatos varios: Hecho.


Móvil y Mp4: Hecho.


Maquillaje: Hecho.


Corazón: (?)


El solecito bueno de las 11:30 se cuela por el ventanal de la habitación, todo para mi, por última vez. Salgo al balcón y miro la calle, vacía, como siempre. La visualizo, y observo los momentos que he vivido en ella. Cuando conocí a Marcos, cuando hablé por primera vez con Alex, y la noche que pedimos pizza para dos y acabamos comiendo cuatro. Me río y me apoyo en la barandilla, mirando hacia el dormitorio.


No estoy triste, solo es una sensación extraña, distinta. Nunca antes la había sentido.


Miro hacia el mar, que se ve a lo lejos y me agobiaré cuando piense que no lo tengo cerca.


Al igual que a Alex ...


-¡¡Lali, ya ha llegado!!- oigo la voz de mi madre desde abajo.


Bajo corriendo las escaleras, y entrando por el portal, Elena, con una venda rodeándole la cabeza y sentada en una silla de ruedas.


-El médico ha dicho que durante un tiempo no podré hacer esfuerzos, y que durante unos días tendré que desplazarme con esto, pero estoy bien.- nos comenta mi prima a todos.


Sonreímos, estamos felices. La familia se dispersa por la casa y Elena y yo nos quedamos a solas.


-Prima, tengo que hablar contigo...-me dice. Vamos al salón y me siento en el sofá.- Estube hablando con Marcos cuando tú y Alex os fuisteis.


-¿Ah sí? ¿Y qué te dijo?


-Me contó lo que ocurrió aquella tarde, y me dijo como la poli cogió a los que me hicieron esto.- hace una pausa -también me dijo que pronto se iría, pero que él me quería y que yo no tenía que pasarlo mal por él.


-Lo imagino... Y tienes que hacerle caso...


-Ya...


-¿Sabes si volverá?


-Sí, me dijo que lo haría, pero no sabe cuándo.


Suspiramos. La entiendo, pero no sé qué decir. De repente las dos nos asustamos al oir ruidos que bajan de la escalera. Vemos a mi padre y su padre bajando las maletas. Nos miramos tristes.


-Te echaré de menos Elena. Ojalá hubiera podido pasar lo que me quedaba de verano disfrutándolo contigo...


-Lali, vuelve, por fa. Ha sido el mejor verano de mi vida, sin contar esto, claro. Por favor por favor por favor, vuelve. Aunque ojalá no te fueras...


-No hace falta que me pidas eso, en cuanto tenga la oportunidad volveré a verte, ¿vale?


Nos abrazamos fuertemente con lágrimas en los ojos.


-Cuánto te quiero Elena...


Al oír esto, me abraza fuerte y llora más intensamente. Me aparto y le seco las lágrimas.


-Eres como mi hermana mayor, y mi mejor amiga, no te olvides de mi ¿prometido?


Me enseña el meñique y lo estrecha con el mío.


-Prometido. ¡Te llamaré siempre y estaremos horas y horas hablando!


Reímos las dos y nos acercamos a la puerta de entrada, donde está toda mi familia ya despidiéndose.


Besos, abrazos, lagrimillas ... pero Alex ni aparece.


Salgo de la casa y me encuentro a Marcos en el jardín, esperando que yo salga.


-¡Ei!


-¡Ostras, creía que no vendrías!


-¿Cómo no iba a venir?- me dice riendo.


-Buuuueno ... Ha sido un verano emocionante eh...-le comento sarcástica.


-Ya te digo. Aunque en general no ha estado mal del todo.


-Nah, cosas peores tendremos que pasar...


Los dos nos quedamos callados un momento.


-Me han dicho que te largas...-le digo para romper el hielo.


-Sí, así es, pasado mañana salgo para Alemania y de allí ... bueno, no sé...- mira la hora- En fin, Lali, tengo que irme. Espero verte pronto y que nos echemos alguna partida a la Play.


Reímos los dos.


-Eso espero, sí.


-Por cierto, acuérdate siempre de esto...- me enseña su tatuaje que me llamó la atención el primer día, el que pone Karpe Diem.


-Lo haré, no te preocupes.- contesto emocionada.


De repente nos fundimos en un gran abrazo, y lloramos débilmente. Huelo su colonia, esa que me recuerda al día que fui a su casa. Sonrío.


-Adiós Marcos, cuídate mucho.


-Eh, no, nunca digas adiós. Siempre es un "hasta pronto". -se despide pellizcándome suavemente la barbilla.


Sonreímos y le veo alejarse.


¡¡Pip-piiiiiip!!


Oigo el coche de mi tío, que me espera para irme al aeropuerto. Ya está todo listo, las maletas dentro, todos subidos. Solo falta Alex. ¿Dónde está? No ha venido a despedirse...


Triste e impotente, le doy el último abrazo a Elena y me subo al coche. Cuando arranca, miro por la ventana de detrás con la esperanza de que aparezca, pero no, ni rastro de él ...



***



Me agobian los aeropuertos, sobretodo cuando tengo que coger un avión en lugar de dejarlo.


Aunque sinceramente, no puedo sentir nada más que un profundo dolor dentro de mi, así que nada me afecta. No he llorado en todo el camino, pero no he dejado de pensar.


Facturamos maletas, pasamos por los controles... y todo el tiempo callada.


Alex, Alex, Alex. ¿Por qué no has venido? No lo entiendo. ¿No te das cuenta de que no nos veremos en muchísimo tiempo?


Últimos pasos para llegar a la puerta de embarque, la gente ya hace cola para entrar en el avión.


De repente mi corazón da un vuelco. Entre toda la multitud, entre todas las despedidas y reencuentros de la sala, entre todas las cosas que hay a mi alrededor, está él, con su flamante sonrisa. Él, con un ramo de rosas en la mano. Él, él, él.


Corro y le abrazo con fuerza.


-Creía que no te volvería a ver, que no vendrías a despedirte...


-Lo he pensado, mi amor, pero no soportaba la idea de que todo se acabara así, sin más, aquella noche. Tenía que besarte una vez más o moría. -Le abrazo. Su nariz con mi nariz, su cuerpo con mi cuerpo, su respiración con mi respiración. -Recuerda todo lo que nos dijimos, mi pequeña, recuerda que te amo, te amo y te amo, y no habrá un día en la vida que deje de hacerlo.


No salen las palabras cuando el corazón va tan rápido, cuando tus pulmones no dan para más. El tiempo corre muy deprisa y todo da vueltas al rededor de nosotros. Mis mejillas empapadas se chocan con las suyas en otro abrazo.


-Abrázame más fuerte. Más, más.- le pido desconsolada.


Quiero fusionarme con él, y que no nos puedan separar en la vida.


Por un momento siento que el tiempo se para cuado me da el último beso. El beso de la vida y a la vez de la muerte. Ese beso que una persona no olvida, ese beso en el que flotas y en el que te hundes. Un beso, el beso, su beso. Y se separa lentamente. Llora. Lloramos.


-Te amo- susurro.


-Aquí te estaré esperando. Siempre.


Me mira, abandona mi mano y se va. Cuento los pasos que le alejan de mi por el pasillo. La multitud nos mira, unos con pena, otros extrañados. Me duele el alma, el corazón. Mi llanto no me mantiene en pie, así que me arrodillo en el suelo detrás del ramo que ha dejado en mis manos, mientas todo mi cuerpo se centra en él. Se gira una vez más y me sonríe tristemente, una sonrisa llena de lágrimas, también. "Cálmate." Me duele la cabeza, me echo la mano a la frente mientras intento controlar mis lágrimas, todo me da vueltas.


Noto las manos de mi madre en los hombros, a mi lado, abrazándome. Me besa en la mejilla y levanto la vista. Ya no le veo. Me empiezo a ahogar.


-¿Dónde está? -pregunto nerviosa.


-Se ha ido...



***



Ya estoy en el avión. He conseguido calmarme, pero mis lágrimas saltan de vez en cuando.


No puedo parar de pensar, y la idea de no volverle a ver me mata, como cuchillos, como sal en la herida. El avión ha despegado hace un rato, así que ya puedo encender mi Mp4. Voy a intentar dormir, aunque el sol me lo vaya a impedir. Me acomodo, me pongo los auriculares y cierro los ojos.


Salen canciones. Ninguna es la apropiada, así que las voy pasando. No me apetece escuchar ninguna en especial.


Pero en un momento suena una música, una melodía ... Abro los ojos, me sorprendo.


Tengo la piel de gallina y por alguna extraña razón, sonrío.


this is our fate, i'm yours ...


Sí, Alex, este es nuestro destino. Pero sin más solo quiero decirte algo que se me olvidó mencionar. Por y para siempre, yo soy tuya.

lunes, 14 de noviembre de 2011

26. Alex




La miro por el retovisor en cuanto puedo. Tiene los ojos cerrados y una sonrisa inconsciente en los labios. Disfruto de verla así, y me gustaría fotografiarla. O dibujarla.


De repente abre los ojos y mira a su alrededor. No conoce el camino, y tampoco a donde vamos.


Me observa, y con miradas mantenemos una conversación de un "¿Dónde vamos?" y un "Ya verás..."


Subimos poco a poco la cuesta de una pequeña montaña de Génova, que nos lleva hasta el mirador de Na Burguesa.


Pronto darán las 20:30 de la tarde y las luces de septiembre ya empiezan a escaparse de las casas, del puerto, y del cielo.


Paro la moto en una explanada y ella baja corriendo, fascinada por la belleza del paisaje.


Toda la parte turística de Palma de Mallorca entra por nuestros ojos, todo el Mediterráneo hace una reverencia ante nosotros y las nubes se tiñen de naranja para crear un ambiente de tranquilidad para los dos, solo para nosotros.


Su pelo está alborotado, el viento hace que le tape la cara y ella intente apartárselo, en vano. Me mira y se ríe de ella misma mientras que yo me acerco.


La abrazo por detrás protegiéndola del aire fresco que nos pone la piel de gallina.


-Dicen que es el atardecer más bonito de toda la isla.- le comento apoyando mi barbilla en su hombro.


-No mienten.


Pasamos cienco minutos en silencio, viendo como, poco a poco, el sol baja hasta casi desaparecer.


-Lali, quiero darte una cosa.


Me mira extrañada pero no dice nada. Saco del bolsillo de mi pantalón algo que le tenía preparado desde hace mucho.


Colgado de un cordel negro, cuelga una bonita caracola blanca, pero con una peculiaridad...


-¡Oh, Alex, me encanta! Muchísimas gracias. - me dice antes de abrazarme.


-Es bonita, sí, pero aun no has visto lo mejor.


Cojo el golgante, le doy la vuelva y le enseño el interior. Veo como su sonrisa poco a poco va desapareciendo, y como sus ojos se humedecen.


Dentro de la caracola, bien gravado, hay dos palabras: "soy tuyo".


Lali me mira incrédula. Apreta con fuerza la caracola en su mano izquierda y se limpia los ojos con la manga como una niña pequeña. Me gusta.


Me acaricia la mano, sus ojos se pierder en los mios. Yo se la tomo y le doy un besito en los dedos. Luego los aparto de mi boca y doy paso a sus labios, salados por las lágrimas, dulces por su propio sabor. Después me abraza, y noto su perfume, al que será dificil desacostumbrarme.


-Te quiero.- oigo de repente en mi oido, casi sin voz. Se aparta luego y me mira.-Alex, quiero que me prometas que, pase lo que pase, serás feliz, que siempre habrá algo que te haga levantarte, que siempre habrá algo que te haga luchar. Quiero que me prometas con toda sinceridad, que si algún día te falta algo harás lo que sea para conseguirlo, que cumplirás todos tus sueños y llegarás a todas tus metas. Quiero que me prometas mil veces más que serás feliz, pero sobretodo, prométeme que no me olvidarás, y que pase el tiempo que pase, en tu corazón siempre habrá un huequecito para mi.-hace una pausa, y ahora, el que lloro, soy yo.-Eres todo lo que yo quiero Alex, yo no necesito nada más...


Mis lágrimas gotean de felicidad, de emoción. Le cojo la mano y la beso, de nuevo, intenanto tranquilizarme.


-No solo te lo prometo Lali, te lo juro. Y juro que te amaré siempre, y te esperaré lo que haga falta. He descubierto que no eres el amor de mi vida, eres el amor de mi existencia. No lo dudes nunca, que a pesar de que mi vida vaya a seguir, aquí estará siempre, una parte de mi esperando que regreses para quedarte.



***



Pasamos las horas de nuestros últimos momentos juntos, como si fuéramos a pasar el resto de nuestra vida unidos, como si todo fuera distinto. Cenamos en un restaurante, por supuesto, yo invito. Ella ríe sin parar, incluso casi se atragante una vez. Sus chistes, sus bromas, sus tonterías, todo me encanta. Y por supuesto, ha nombrado a Elena en cada frase que ha dicho.


-Los ingleses que cenan a nuestro lado nos miran raro... - le digo susurrando.


-¡Tss, por tu culpa! -dice levantando la voz.


-¡¡Shhhhh, Lali!!


Se vuelve a reír divertida. Me encanta.


Después de que su madre le haya llamado veinte veces, al fin se lo coje. Miro la hora. Uff, la 1:30...


-Sí, mamá, ya volvemos, no te preocupes, estoy bien ...


-Clhasdjhfasdhf, maletas fjadasdhfaj es tarde dxkljfask... -oigo desde el teléfono mientras que Lali me hace muecas con la cara y las manos en forma de burla.


-Claro que sí mamá, venga, hasta luego.


Y le cuelga.


-Menuda una rebelde ...-le digo agarrándola de la cintura y empezando a caminar hacia la moto.


-Bah, ya me conoce...



***


Llegamos a la esquina de su calle, por última vez.


Toda la tristeza que esta tarde se ha esfumado, parece haber vuelto de repente, en mi estómago, en mi pecho. Y qué mal me siento ahora.


Baja de la moto y me da el casco para que lo guarde. Cómo me duele esto...


-Mañana estaré todo el día haciendo maletas y despidiéndome de familiares y eso... - me dice intentando fingir una sonrisa.


-Entiendo. Entonces ... nos vemos pasado mañana ya para...


-Sí. -me interrumpe.


Nos callamos. Es un silencio incómodo y siento que algo se me junta en la garganta, pero no quiero llorar, almenos no delante de ella.


-Bueno, me voy, o mi madre se enfadará aun más.


-Sí, tira.


Se acerca a mi. Cierra los ojos y me besa suavemente.


-Te amo.- me susurra sonriendo.


-Y yo peque.- contesto, casi sin voz.


Da media vuelta y empieza a caminar. La observo. Le miro el trasero, y me encanta como se mueve. Sonrío un poco, cómo echaré de menos ese contoneo.


Entra en casa, y unos minutos después, veo como se enciende la luz de la habitación de Elena, y veo la sombra de Lali moverse de un lado a otro. Después, vuelve a apagarse.


Observo la calle. Larga, desierta. Recuerdo la primera vez que hablé con ella, paseando por aquí. Recuerdo su horquilla en forma de mariposa.


Miro al portal, y recuerdo el primer beso, y la noche entera en el armario de los zapatos. Me río. Quisiera volver por un momento al pasado.


Ahora sí, no puedo más. Lloro, lloro sin parar, con llanto, con rabia. Lloro y no puedo evitarlo, ni quiero. Lloro y sufro, lloro y me desahogo. Pego una patada al suelo, me froto los ojos, me siento en la acera y apoyo la espalda en la farola. ¿Para qué volver a casa? No hay nadie, y aquí, cerquita de Lali, se está bien...

lunes, 7 de noviembre de 2011

25. Lali






Fotógrafo: Miquel Mas Fiol


Modelo: la preciosa Cati Cabot



Todo en esta vida es por algo. Todo. Hasta cruzar las miradas con un desconocido en la calle, hasta que empiece a llover un minuto antes de entrar en tu casa.


La música que sale por los auriculares retumba en mis tímpanos tan fuerte como puede, mientras me llevo el baso de plástico a la boca.


Have I told you I ache?


have I told you I ache?...


Me acuerdo de la primera vez que me encontré con Alex. Cuando el destino quiso que gracias a un casi accidente de tráfico, hubiera un accidente en nuestros corazones.


Realmente no sé si ha sido acierto o error, pero sé que no habrá nadie que me llene como él, que me haga sentir tan bien. Sonrío un momento entre mis pensamientos y vuelvo a beber de la infusión.


Ahora solo me quedan tres días. Tres días de sol mediterráneo, de frescura, zapatos abiertos y vestiditos sueltos. Ahora solo me quedan tres días de sus besos, de sus mimos, de que me haga reír, y de él. Y me parece que después de esos tres días, se me acabará la vida.


Quizá eso sea un poco radical, pero sí habrá un gran cambio.


En poco volveré a la gran ciudad, a los edificios altos, a la contaminación, y a tomarme cafés en el bar de la esquina los viernes por la tarde.


Siempre suelo decir que necesito rutina cuando acaba el verano, que necesito volver a empezar, pero esta vez no. Me toca segundo de bachiller, ya, y el año que viene ... universidad. Y en estos momentos de mi vida es cuándo me pregunto ¿qué es lo que quiero?


Lo tenía más claro a los cinco años, cuando decía que quería ser princesa.


Suspiro.


I'm sorry, but I meant to say


So many things along the way


So this one's for you...


Lo que sí tengo claro es algo. Quiero a Alex, lo quiero, y quiero estar con él.


Sé que ahora es imposible, que tienen que pasar muchas cosas. Y sobretodo, que si le contara esto a alguien me diría que dentro de unos meses estará olvidado y habré cambiado de opinión. Pero no. Yo antes pensaba así, hasta que descubrí que cuando te enamoras, la ilusión te puede, y tú sola puedes llegar a cumplir cosas imposibles. No se pierde nada por intentarlo, al menos.


Se acaba la canción. La cafetería del hospial está medio vacía, y en la vitrina de comida hay unos donuts de chocolate que me tientan.


Me encantaría poder llevarle uno a Elena, sé que le encantan.


Suspiro de nuevo, esta vez cerrando los ojos con fuerza intentando retener las lágrimas.


Vamos pequeña, despierta, despiértate. Te necesitamos todos. Y Marcos mucho más que cualquiera. Vamos, esfuérzarte, sé que lo conseguirás, vamos.


Abro los ojos y por fin, se me escapa esa gotita salada. Ya no puedo más.


Veo a Alex entrar por la puerta sin percatarse de que estoy aquí. No le digo nada. Veo como sube por las escaleras y le pierdo de vista.


Me tomo lo que queda de la infusión rápidamente. Me levanto y voy a pagarle a la chica, pero tarda. Pff, qué lenta ...


-1'50€- me dice pasota.


¡Ala, qué caro, por medio vasito de manzanilla!


Bueno, le doy el dinero sin rechistar y subo a la tercera planta.


Camino por los pasillos mirando dentro de las habitaciones, ya que algunas puertas están abiertas. Veo a viejecitos, sobretodo. Pobres...


Doblo una esquina que me acerca a la habitación de Elena, cuando de repente me sobresalto al comprobar que mis tíos están levantados abrazándose y llorando. Alex y Marcos también se abrazan con fuerza y lloran.


Se me transfigura la cara. ¿Qué está pasando?


Corro en dirección a ellos, angustiada, perdida. El mundo me da vueltas, se me cae encima, y mi mente grita ¡Elena, Elena! No te puedes ir, no te puedes haber ido.


Sigo corriendo y llorando cuando Alex se pertaca de que estoy allí, y antes de que pueda llegar a ellos, él se acerca a mi, llorando, rápido.


Pero sonríe, sonríe ámpliamente.


-¡¡¡Se ha despertado!!!-grita sin ningún pudor.


-¡¡¿Qué?!!


Dios mio, sí, sí. Mi corazón palpita tan rápido que parece que se me va a salir. Estoy nerviosa, me muevo, lloro, río. Abrazo a Alex, me agarro a él con las piernas. Damos vueltas, reímos. ¡¡Se ha despertaaaaaaaado!! No me lo puedo creer, todas mis oraciones, mis ruegos, mis esperanzas, mis promesas. Elena, estás aquí.


Corro hacia la habitación, tan rápido como nunca antes lo había hecho.


Elena está tumbada, pálida. Con los ojos entrecerrados. Cuando entro por la puerta sudando, me mira, débil. Y me sonríe, y me parece la sonrisa más bonita del mundo.


Voy a abrazarla, con cuidado.


Le doy un beso en la frente y le acaricio la cara, apartándole el pelo.


-No te has ido...-dice casi sin voz, sonriendo.


-¿Cómo me voy a ir, Elena? ¿Cómo te voy a dejar?- contesto abrazándola de nuevo.-lo has conseguido, has sido fuerte, y ahora estás aquí. Qué miedo hemos pasado.


Y mientras la abrazo de nuevo, tocan a la puerta.


Me giro y veo a mis tíos entrar.


-Os dejo que habléis. Elena, luego vengo a verte.


Salgo de la habitación secándome las últimas lágrimas cuando veo a Marcos sentado en una de las butacas. Me acerco a él.


-¿No entras?


-No, que va, yo solo estoy aquí para asegurarme de que está bien... Si ella está aquí, es por mi culpa.


Me siento a su lado y me apoyo en el respaldo.


-Le alegrará verte, estoy segura. Marcos, tú lo único que hiciste era intentar protegerla, aunque te saliera mal ...


Suspira.


-Bueno, veré que hacer.- me dice con pocas ganas de hablar.


Le doy un beso en la mejilla, me levanto y cojo de la mano a Alex, que está a mi lado.


-Nos vamos, espero que cuando volvamos hayas hablado con ella.


Alex y yo nos giramos y empezamos a caminar. Me sonríe, me abraza y me da un beso en la cara.


-¿Estás lista? -me pregunta misterioso.


-¿Para qué? No me asustes que te conozco ...


Se ríe. Me mira. Me dice que me quiere con los ojos.


-Tengo muchas cosas que contarte, y que enseñarte. Vayámonos...


Me siento una vez más en la parte de atrás de su moto. Totalmente distinto a la última vez que subí, ahora me siento bien, con alegría, feliz.


Como el casco no me cubre la cara, dejo que la brisa me pegue, y disfruto de ese momento, no puedo parar de sonreír, abrazada a él, admirando el cielo que poco a poco se tiñe de colores estridentes. Cierro los ojos un momento, me siento bien, y me dejo llevar...

lunes, 17 de octubre de 2011

24. Alex

¡Hola gente!



¿Qué tal este primer mes de clases? Espero que muy bien.



Espero que echárais de menos a Alex y Lali tanto como yo echaba de menos tener un rato libre para ponerme a escribir.


Pero antes que nada os quiero enseñar la sesión de Miquel, con la colaboración de la genial y maravillosa Rosa Castillo. Se llama Cor de Fang (Corazón de Barro) y es una auténtica pasada.


Y bueno, después de esto, os dejo con Alex. ¡¡Un saludo!!













Fotógrafa: Rosa Castillo



Modelo: Miquel Mas Fiol.





Han pasado días, y semanas, y este final de verano no está siendo nada bueno. Se supone que tendría que estar disfrutando de fiestas, música, playa, bici, moto... Y no, me paso las horas encerrado en el hospital, acompañando a Lali.



A veces ríe. Una vez cada cuatro días, quizá cinco. Sus ojos están en compañía de unas ojeras que no parecen reales, y se han vuelto tristes y más profundos de lo que ya son. Tan grises siempre, tan perdidos, tan húmedos. Suele estar despeinada, y solo sale del hospital para descansar, nada más. ¿Pero sabéis qué? Sigue siendo bella, cuando la contemplo sin que se de cuenta, con la mirada en ningún sitio, cuando busco esa Lali que no sigue ahí. Entonces ella me mira y sonríe débilmente, y se le vuelven a inundar los ojos. Yo corro a su lado e intento besarla, pero no me corresponde. La extraño...



Ahora mismo llego a casa. Me asusto. Hay coches de policía aparcados. Me dirijo hacia el portal y cuando entro en casa, veo a mi madre, tapada con una manta, desconsolada. Un médico, una enfermera y varios policías la atienden.



-¡¿Qué está pasando aquí?!-grito sobresaltado.



Nadie me contesta, todos están sorprendidos, solo mi madre intenta pronunciar alguna parabra leve.



-Por favor, cálmese.- Me dice una mujer con ropa negra y amarilla.



-¡No, no quiero calmarme! ¡Cómo quiere que me calme si mi madre está sangrando, si mi casa está infestada de policías, y se oyen las sirenas desde varias manzanas! ¿Y mi hermana? ¡¿Dónde diablos está Arantxa?!



-Señor, si se calma le ...



-¡¿Ha sido mi padre verdad?! Ha sido ese im...



Digo cosas sin sentido, vomito palabras, expresiones, insultos. Mi madre llora, todo da vueltas, mi corazón va a explotar, y mis pulmones. ¿Qué está pasando? Me llevo las manos a la cabeza, me mareo. ¡Joder! Toda mi vida pasa por mi cabeza como fotografías, cada risa y cada llanto, todas esas veces que admiré a mi padre. Y ahora... ahora le odio.



La gente se ha callado, me ha dejado que me calme yo solo. No me agobian. Mi madre está fuera, en la ambulancia. Estoy sentado, con los codos en las rodillas y las manos frotandome la cara y los ojos. Respiro.



-¿Está mejor?- me pregunta la misma policía que hace unos minutos ha intentado calmarme.



-Sí, explíqueme que está ocurriendo.- le digo seco, con la voz entrecortada.



-La señora Miriam ha sufrido un grave maltrato. Gracias a un vecino llegamos a tiempo, antes de que su esposo le quitara la vida, que estaba muy bebido. No se preocupe, por suerte le cojimos a tiempo y ahora está en comisaría. Su madre se recuperará, pero tendrá que estar un tiempo en tratamiento psicológico.



-¿Y mi hermana?



-La niña está en buenas manos, la tienen nuestros pedagogos. Le están haciendo algunas preguntas por si ella también tiene que someterse a dicho tratamiento.



Me quedo pensando. Y mi odio hacia mi padre aumenta. Ojalá se pudra en la cárcel. Para siempre, sin piedad. Y ojalá yo hubiera sido lo suficientemente valiente como para defender a mi madre cuando tocaba. Miro el piano. Recuerdo aquella vez ... cuando por fin lo supe todo. ¿Por qué no hice algo antes? Suspiro.



-Alejandro, tranquilícese, todo ha acabado.



-Gracias por su ayuda. ¿Qué debo hacer ahora?



-¿Ahora? Ser fuerte.



Miro a esa mujer sorprendido, con lágrimas en los ojos. Su contestación me ha llegado, me ha dado un rayo de esperanza. Pero la rabia y el odio vuelven a apoderarse de mi. Entonces recuerdo. Tengo un asunto pendiente.



****



Paramos la moto en un callejón. Hay un garaje abandonado. Todo está lleno de graffitis. Marcos se quita el casco y me lo da. Lo guardo. Nos miramos.



Un grupo de gente, todos con la piel morena. El primero en vernos es Axel, el hermano de Ana Cristina. Se le dibuja una expresión seria en la cara y se acerca hacia nosotros corriendo.



-Oír chicos, os lo digo por vuestro bien, iros de aquí, son peligrosos.



-Es tarde.-le contesta Marcos.



-¡Pueden mataros!- intenta detenerle Axel, pero ya es demasiado tarde.



Todos se han acercado a nosotros. Son curpulentos y sucios, al revés de Axel. Tengo miedo. Pero no, no puedo tenerlo, sé que mi plan saldrá como esperaba.



-Así que este ha llegado buscando pelea...- comenta uno.- no le bastó con la paliza del otro día y la pupita que le hicimos a su "amiguita".



Todos ríen, crueles. Miro a Marcos, está furioso, está rojo de odio.



Desde que me dijo su plan de venganza en el hospital, no lo tenía claro, ahora ya sí. Es una locura lo que piensa hacer, por suerte, no tendrá tiempo.



-¡¡Imbéciles, por vuestra culpa ella está ahora en el hospital!!- dice sulfurado. Respira rápido.- Sois unos cobardes, por hacerle eso a una mujer, a una persona más frágil e indefensa. La quiero, y si alguno de vosotros sabe lo que es eso, querer, tendríais el valor de entregaros. Sino, aquí estoy, dispuesto a luchar.



Hay algunas chicas por detrás. Entre ellas diviso a Ana Cristina, que mira a Marcos con un halo de ... nostalgia. Todas tienen las mismas pintas. Muy sexis, pero muy infelices.



-Muy bien. Pues si quieres luchar, luchemos, pero vamos a hacerlo bien. -dice uno. Esas son las únicas palabras que le salen al hombre que le pegó a Elena. Está perplejo, pero lo intenta disimular en vano.



Marcos se gira hacia mi.



-Tío, no me dejes, pase lo que pase, no te vayas.-me susurra.



Pienso en mi padre por un momento. Sus actos han contribuido a mi sabiduría, por eso sabía lo que tenía que hacer en esta situación.



Todos hacen un corral, y varias chicas están a mi alrededor. Ana Cristina se pone en medio de ellos mientras se preparan. Su pantalón ceñido y su escote atrae todas las miradas, incluso la mía. Es muy vistosa, por decirlo de alguna manera. Marcos se prepara, se estira. La chica mira a Marcos, le tira un beso y le guiña un ojo, cínica. Luego se dirige hacia el luchador de su grupo. Le coje la mano y la pone en su trasero, y lo besa, a pesar de que es mucho mayor que ella. Se podría decir que lo ... motiva. Luego veo como le dice algo al oído. Le leo los lábios. "Mátalo".



No guapa, no va a ser tan fácil, pienso.



Ana Cristina se lleva un silvato a la boca y sopla con fuerza, pero ese sonido se mezcla con otro.



Las sirenas de la policía cada vez se oyen más cercanas. Sonrío como pocas veces lo he hecho. Miro a Marcos. Me mira. Luego observo a Ana Cristina, y ella me corresponde. Asustados, todos empiezan a correr por todos lados y a intentar huír. Ella se acerca a mi, que sigo sonriendo.



-Tendría que haberlo matado, igual que a la zorra de su novia. -me dice con rabia, remarcando su acento latino.



-Por suerte, no ha sido así. -le digo con un tono irónico, como si no me hubieran dolido esas palabras hacia Elena. La cojo con fuerza de la muñeca, y ella se sobresalta.



-Suéltame.



-Petición denegada.-sonrío, y luego desvío la mirada hacia un agente que viene hacia mi.-Tenga señor, una de las aliadas, se la puede llevar.



-Gracias Alejandro, esto no hubiera sido posible sin usted. Le agradezco que nos haya dado la idea del micrófono y la videocámara, para ver y oír todo lo que ocurría y llegar a tiempo.



-No hay de qué, señor, esto ha sido más bien algo personal.



-De nuevo, gracias.- insiste estrechandome la mano.



Me acerco a Marcos, que está aun en otro mundo al ver todo lo que ha ocurrido.



-Gracias ¿pero por qué no me lo habías dicho?.- susurra, casi para sí mismo.



-Para que todo saliera bien, y para que no te preocuparas.



Me mira llorando. Nos abrazamos.



-Todo ha acabado tío.



-No, Elena sigue en el hospital.



Suspiro y le froto el hombro.



-Anda, vayámonos.

sábado, 17 de septiembre de 2011

23. Marcos

Bueno gente, quería mostraros estas fotografías que, como no, han sido creadas por el brillante y querido Miquel Mas. Junto a la figura encantadora y divina de Isa Riquelme y la dulce y mágica sonrisa de María Serra, ha conseguido captar unas fotos de lujo. Aquí os dejo algunas para que echéis un vistazo, y si os han gustado y queréis más, entrar en www.flickr.com/photos/massamagia/ , allí está la sesión casi completa.

Y bueno, espero que estéis disfrutando de leer los últimos capítulos de Alex y Lali tanto como yo los disfruto escribiéndolos, o bueno, en este caso, de Marcos...

¡Un beso grandote!








Modelo: Isa Riquelme



Modelo: María Serra


Toda persona de hoy en día sabe que la vida no es de color rosa, ni azul, ni verde, ni amarilla. La vida es negra, como el carbón. Puede haber momentos grises, e incluso blancos, pero después de esas épocas todo acaba siendo la misma mierda de siempre.


Me presento. Soy Marcos, tengo diecinueve años y en toda mi vida lo único que he hecho ha sido intentar ser feliz, en vano.


Cuando era pequeño mi padre murió, nos dejó a mi madre y a mi una grandísima herencia, pero un gran vacío. Ella, mi madre, me ha cuidado tan bien como ha podido, pero yo sé que no estaba bien, y nunca lo ha estado desde que mi padre nos dejó.


He estado enamorado, enamorado de la persona más horrible que puede haber, la que más daño me ha hecho, y la única suerte que he tenido en toda mi vida ahora está tumbada en una camilla en frente mio, inmóvil, dormida. Y yo veo como la vida se le apaga poco a poco... por mi culpa.




Ese mismo día, horas antes.




Paseo sin ningún problema por la calle. La tarde está tranquila. Voy a comprar algunas cosas que me ha encargado mi madre, pero ya vuelvo a casa.


Hace fresquillo. Cuando llegue … veré una película quizá, no tengo muchas ganas de salir.


De repente, y sin que ella se de cuenta, veo a Elena pasear con sus amigas, riéndose. Sonrío débilmente y sigo mi camino. Paso por al lado de ellas y la vuelvo a mirar de reojo, ella me corresponde seria.


Es la chica más guapa que hay en el mundo, siembre ha sido así y siempre lo será. Lo pensaba incluso cuando salía con Ana Cristina, que Elena tiene un físico especial. Cuando pasa de largo me giro y me fijo en el contoneo de su cuerpo, siempre me ha encantado esa graciosa manera de moverse. Y su pelo, tan rubio, tan hermoso...


Me giro de nuevo, pero en vez de seguir recto caigo al suelo y me pego un golpe en las costillas contra las losas de la calle. Veo como mi long sale disparado y la poca gente que pasa por ahí, me mira. También oigo risas.


-Mira por dónde vas...-me dice un hombre vestido de negro, alto, feo. Y le reconozco. El hermano mayor de Ana Cristina, y algunos más de los Latineros.


Me giro hacia Elena, que me mira con ternura. Vacila un momento y luego viene corriendo a ayudarme. Se arrodilla en el suelo y me ayuda. Me sangra la rodilla un poco.


-Vete- le susurro con frialdad. Para de taparme la herida con un pañuelo y me mira seria.-Que te vayas, Elena …


Sus ojos despiertan rabia, e incredulidad. Los míos intento que estén neutros, pero sé que mi corazón lleva agradecimiento, amor, tristeza, pero solo intento protegerla.


Se levanta rápido, pero cuando quiere irse con sus amigas uno de ellos le corta el paso.


-No, ¿por qué se tiene que ir? Encima de que te ayuda, eres un desagradecido …-comenta el que la tiene retenida, con cierto tono sarcástico.


-¡Dejadla en paz!- digo levantándome.


Se ríen de mi, y de mis gemidos de dolor. Miro a Elena, y noto como una lágrima de rabia se resbala por sus mejillas, llevándose gran parte del maquillaje.


Ya no hay nadie en esta calle, y las amigas de Elena se han ido asustadas. Parece mentira...


-Venga, vamos a jugar un rato anda...


El chico que la tiene cogida le desliza la mano hasta el trasero.


-¡Ni se te ocurra, imbécil!- le digo abalanzándome sobre él.


Le agarro de la camiseta y le pego un puñetazo en el vientre, pero los otros dos que van con él no tardan mucho en cogerme, mientras que el otro va a pegarme.


Me abofetea varias veces, me da patadas en las espinillas, y me estira fuerte de mi pelo largo, del que siempre se han burlado.


Veo como se ríen mientras me torturan, pero de repente algo le da una patada en la entrepierna y le agarra del cuello por detrás.


Veo las finas y delicadas manos de Elena defenderme. Le aprietan la garganta con todas sus fuerzas, mientras le pega patadas lo más fuerte que puede.


-¡¡Elena, vete!!- le grito asustado.-¡¡Corre!!


Pero antes de que a ella le de tiempo a irse, uno la agarra por los brazos y la tira al suelo con fuerza.


Oigo un grito de dolor y miedo, y veo como hace tropezarse a la persona que le ataca. El hombre hace dos de ella. La miro, le grito, intento protegerla. Pero de repente, el que tenia el cuello entre las manos de ella hace un segundo, ahora estampa una botella de cristal contra su cráneo, y veo como su pelo poco a poco se tiñe de rojo, mientras los tres cobardes escapan.


-¡Corred, vamos!- les oigo decir.


Me arrodillo al lado del cuerpo inmóvil de mi niña y la cojo entre mis brazos. Me siento impotente, asustado. Le grito, le doy pequeños golpes en la cara con la esperanza de que se despierte. Lloro, lloro más. Mis manos están ensangrentadas, y acarician su pelo.


Pido ayuda, pero el tiempo se ha parado y parece que nadie me escucha. Y lloro, y la llamo. Elena, Elena. Vuelve conmigo.


****


Y ahí he estado hasta que llegó ayuda...


Me han curado las heridas leves y ya no me duelen, pero nadie es capaz de curarme el dolor interno.


Ahora es cuando realmente me doy cuenta de que quiero a Elena, y del daño que le he hecho a la persona más importante de mi vida. Si sigo aquí ha sido gracias a ella, ya no solo por defenderme hoy, sino porque ella me ha dado fuerzas.


Y ha dado su vida por mi. Ha sido muy valiente, no sé si yo hubiera sido capaz de hacerlo. He intentado protegerla, pero no he podido...


Y no sé cuando podré agradecérselo. No quiero que se le escape la vida sin antes saber que se merece todo lo que un Don Nadie como yo es capaz de darle, y lo que no también.


De lo que estoy totalmente seguro es de que esos imbéciles me las pagarán, uno a uno. Esto no quedará así, por Elena, lo juro ...


domingo, 11 de septiembre de 2011

22. Lali










Las gotas de esta fría lluvia impactan sobre nosotros como ácido, tan rápido como va mi corazón en este momento. Camuflan mis lágrimas de preocupación, de miedo, de… no sé.


En cuanto Alex para la moto pego un salto y corro hasta la puerta de vidrio del hospital. Me dirijo hasta le recepción.


-Busco a Elena Gutiérrez.- le digo a la chica detrás del mostrador. Es tranquila, joven, y mastica un chicle más grande que su boca.- ¿Puede darse prisa?


Me mira con asco y vuelve a la pantalla.


-Piso cuatro, habitación 56.


Salgo corriendo, sin ni siquiera pensar en darle las gracias. Llego al ascensor, le doy al botón nerviosa. Tarda mucho. Veo como Alex me persigue.


-¡Lali, por aquí!


Subimos las escaleras corriendo hasta llegar a la planta. Corro por el pasillo, empapada, con la cabeza en blanco, y diviso a Marcos y a mis tíos al final.


Mi amigo se levanta de repente y me para cogiéndome de los hombros. Apoyo la cabeza en su pecho y dejo que me abrace.


-Por qué esos imbéciles han tenido que hacerle eso a ella, por qué…- susurro desesperada.


-Cálmate.


***


Llevamos tres horas esperando a que mi prima salga del quirófano.


Después de varias tilas no hay quien me mueva del asiento. Tengo el hombro de Alex como almohada y me hago la dormida, a ver si yo misma me creo que pueda descansar un poco. Él se lo ha creído.


De vez en cuando noto un beso suave en la frente y sus manos apartándome el pelo de la cara. Me pregunto qué hubiera pasado esta tarde en su habitación si no hubiera pasado todo esto… Probablemente hubiera sido la mejor experiencia de mi vida o el peor error que hubiera cometido, o las dos cosas.


Noto de nuevo su beso en mi cabeza, y su respiración mezclarse con la mía, pero esta vez es más duradero, y siento que me mira mientras me acaricia. De repente, empieza a susurrar…


-A veces siento que, desde que te conozco he dejado de ser yo al cien por cien. Te has adueñado de una parte de mí, de mi ser. Has cambiado mi forma de pensar y de ver las cosas. Has hecho de mí una persona mejor. Sé que estás profundamente dormida y no te vas a enterar de lo que te estoy diciendo, pero aun así, quería decírtelo. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, y no cambiaría esta experiencia ni aunque no te volviera a ver en lo que me queda de existencia. Eres mi diosa. Eres lo más parecido que he conocido a la magia, y te lo agradezco, porque en este momento no hay nada que te supere.- Siento como se me eriza la piel.- Ya no sé de qué forma tengo que expresarlo… y de hecho, es un poco cursi todo esto, y ahora me da vergüenza…- hace una pausa y a mí, me entra la risa floja, pero la contengo- hemos pasado muy poco tiempo, y por eso yo no me explico cómo puedo quererte de esta manera tan exagerada. Eres la única persona por la que he sentido celos, la única con la que he tenido miedo de perder.-me acaricia.- Perdóname si alguna vez te hago sufrir, y espero que no te olvides de mí. Por muchas personas que pases por mi vida, tú siempre serás Lali, mi Lali. Mi niña, que he intentado evitarlo pero no he podido, me tienes para siempre, te lo has llevado todo. Lali, soy tuyo.


Siento que si abro los ojos dos lagrimones van a caer de ellos. No puedo ni respirar, siento una presión en mi pecho.


-Te amo… -susurro sin abrir los ojos.


Él se sobresalta, pero antes de que pueda decir nada más, llega el médico. Nos levantamos de repente. Se limpia la frente de sudor con una gasa.


-¡Doctor! ¿Qué ha ocurrido?


-Bueno, no os mentiré. Elena está en estado crítico. La herida en la cabeza es bastante profunda. La botella le impactó muy fuerte…-contesta preocupado.- Permanecerá en coma.


-¿Hasta cuándo?


Niega con la cabeza y arruga los labios en señal de que no lo sabe.


Me abrazo a Alex y suspiro.


-Lo único que nos queda es esperar.- dice el médico con un hilo de voz.-podéis pasar a verla a la habitación si queréis, ya está instalada.


-Alex, voy a verla.


-Yo me quedo con Marcos.- me dice antes de darme un beso.


Le abrazo y me dirijo a la habitación. Abro la puerta sin cuidado de hacer ruido, con la esperanza de que se despierte. Desgraciadamente, no es así.


Me acerco lentamente hasta la cama. Está pálida y una venda le cubre la cabeza entera. Su pelo está enredado, y lo acaricio. Sus mejillas sin ese color rosado y sus ojos cerrados, le dan un aspecto demasiado enfermizo. Me asusto. Una aguja le atraviesa la piel del brazo y un tubo va hasta unas bolsas que se encuentran al lado de la cama. Una mascarilla le cubre parte de la cara.


Los pitidos de la máquina de pulsaciones son muy lentos. Raya lisa, arruguita pequeña, raya lisa, raya lisa, dos arruguitas, raya lisa, arruguita. Ojalá estuviera yo en su lugar.


La miro de nuevo. Sigue siendo preciosa incluso en estas circunstancias. Recuerdo cuando éramos pequeñas, jugábamos a médicos. Ella siempre se pedía el papel de enferma, y hoy, desgraciadamente, es real.
Le beso en la cara con ternura y me dirijo hasta la puerta. Antes de salir me giro por última vez. No quiero dejarla sola.


Al final del pasillo veo a Alex y Marcos tener una conversación. Yo sabía que Marcos no la abandonaría, lo que no sé es como pudo enterarse tan rápido… Prefiero no pensar en eso. Me acerco a ellos y dejan de hablar de repente. Me resulta sospechoso. ¿De qué hablarían?...









sábado, 10 de septiembre de 2011

21. Alex




El día está tan nublado que parece que el cielo se va a caer. Paseo por la calle callado, con Lali de mi mano. Ninguno de los dos tiene muchas ganas de hablar, y tampoco lo disimulamos. La seriedad de la situación me mata, pero tampoco pienso que tenga que arreglarse nada. Prefiero pensar que todo está bien. De vez en cuando le abrazo y le recuerdo que le quiero.


Han bajado las temperaturas de golpe, y los dos llevamos una fina chaqueta. Cada vez se acerca más el otoño. Siempre me ha encantado la época de después del verano, pero esta vez, cuando se vaya el verano, también se irá ella, y todo estará mal. De repente la miro sin ningún motivo. Ella me corresponde la mirada y me sonríe. Es tan guapa…


Pasamos por al lado de un parque desértico, los columpios se mueves débilmente con el aire. Hacen un paisaje fantasmagórico.


De repente oímos el barullo de gente acercarse. Nos giramos y vemos como, detrás de nosotros vienen los Latineros. Intento no alarmarme. Miro a Lali de reojo de nuevo, ella está muy seria, y les mira como si tuviera que comérselos. Me hace gracia.


-Uuuh, mirad quién está aquí. Seguro que se quieren venir a Borne con nosotros…


De repente y después de oír eso, noto como la mano de Lali me coge más fuerte. La miro, tiene cara de asustada.


-No flipes. Más os gustaría. –contesto desafiante.


-Anda vámonos, dejemos a estos payasos…-dicen.


Se alejan pasando de nosotros, y cuando están lo suficientemente lejos abrazo a Lali.


-¿Qué pasa?- le pregunto.


-Elena me dijo que esta tarde iría allí.-contesta con un hilo de voz.


La abrazo de nuevo y le doy un beso en la frente.


-No te preocupes, allí hay mucha gente y no creo que vayan a meterse justo con ella.


En el momento algo nos sobresalta. Un trueno inunda nuestros oídos y empieza a chispear.


-¡No…! Corre, ven conmigo.


Los dos echamos a correr mientras la lluvia cada vez se hace más fuerte. Noto como mi ropa se empapa poco a poco. Y mientras llegamos a mi casa mi humor se ablanda.


Nos metemos en el portal riéndonos y saco la llave para entrar. Doy gracias a esta lluvia por haber caldeado el ambiente. La casa está oscura y no hay nadie. Cierro la puerta mientras ella avanza lentamente por el recibidor, y noto como su mirada recorre toda la sala con asombro.


-Alex, qué maravilla…


-Sí, la verdad es que no me quejo.


Se gira y me sonríe divertida. Noto como, tanto ella como yo, estamos muy empapados. Hasta el pelo nos chorrea.


-Ven, sube a mi cuarto.


Ascendemos las escaleras mientras oímos las gotas romperse en los ventanales.


Enciendo la luz de mi habitación y le dejo pasar.


-Espera aquí, ahora te traigo una toalla.


Me voy al baño, y cuando vuelvo le veo mirando mi cuaderno de dibujo. Ni siquiera se ha dado cuenta de que he llegado. Me apoyo en la puerta y dejo escapar una sonrisa pícara. Carraspeo la garganta y ella se sobresalta.


-Ten, aquí tienes tu toalla.


-Gracias amor.


Me llama la atención lo que me ha dicho y mi sonrisa aumenta. Ella me la devuelve.


-Oye Alex…


-Dime.


-Todos tus dibujos son… son muy buenos, me encantan, pero… pero es que todos…


-Todos son de ti.


-Sí.


Me siento a su lado en la cama mientras cojo mi libreta y la abro por la página donde empiezan sus retratos.


-Mira, este lo hice el día que te vi por primera vez. Está exacto, la ropa que llevabas, la expresión enfadada de tu rostro, todo. Aunque no supe acertar con la barbilla… Pero mira este.-paso las hojas un poco más para adelante.- este he de reconocer que me encanta.


El dibujo está hecho a carboncillo, se le ve a ella de espaldas, mirándome, con el mar de fondo. Dejé volar mi imaginación y me salió esa maravilla.


-Es precioso Alex.- me dice casi emocionada.


-No te hace justicia.


Me mira y me empieza a besar mientras mi corazón, por una vez en mucho tiempo, se siente realmente bien. La dulzura de sus labios y los pequeños roces de su pelo me hacen levitar. En ocasiones abro un poco los ojos y encuentro los suyos cerrados, sellados por unas larguísimas pestañas naturales. Sigo besándole mientras mis manos le apartan la toalla de los hombros, y bajan hasta su estrecha cintura. Ahí paran, por miedo. Entonces ella corresponde y sus manos, valientes, bajan más abajo. Sus labios se desvían por mi cara y mi cuello, y vuelven hacia la boca. Empiezo a entrar en calor, después del chaparrón. El momento es perfecto y no necesito nada más. Mis manos se arman de valor y suben de nuevo por su espalda, hasta llevar a la cremallera de su vestido húmedo, y va bajando poco a poco mientras nos tumbamos en la cama. Poco a poco, lentamente, todo es perfecto, y la amo, la amo tanto… Y pienso por un momento que no se irá. Su tirante se resbala, la parte trasera de mi camiseta se levanta y me deshago de ella yo solo, y de repente, cuando la pasión y las ganas se apoderan de nosotros… suena el móvil.


Seguimos besándonos intentando pasar de ese odioso sonido, pero ella se aparta.


-Alex, es mejor que lo cojas, puede ser importante.


Suspiro fastidiado y me relamo los labios. Cojo el aparato y veo en la pantalla “Marcos”. ¡Qué oportuno! Parece que lo ha hecho aposta…


-¡¿Qué quieres ahora?!- el mal humor se apodera de mi mientras miro a Lali incorporarse en el colchón.


-Alex, ha pasado algo…


La voz de mi amigo suena apagada, irreconocible. Me asusto.


-Marcos, ¿qué pasa?


Me fijo en Lali, ella me mira preocupada.


-Es Elena, está en el hospital…

jueves, 8 de septiembre de 2011

20. Lali

Lo prometido es deuda, y aquí teneis vuestro capítulo veinte y algunas fotos de mi viaje.

Mañana más, que lo disfrutéis :D












Es noche cerrada.


Calculo que deben de ser las cuatro de la madrugada.


El verano pasa rápido, muy rápido. En muy poco tiempo volveré a Madrid y lo dejaré todo aquí.


La verdad es que no sé muy bien cómo definir ese “todo”, con el mar, con la familia, con los nuevos amigos… o ponerle el nombre “Alex” y acabar pronto.


Vuelvo a escurrirme entre mis sábanas en la oscuridad de la habitación. Lo único que se oye es la respiración de Elena, y algún que otro sollozo mío.


Tengo un nudo en la garganta. Ni siquiera sé lo que ha pasado esta tarde con Alex, porque no llega ni a la categoría de discusión… o eso espero. Pero aun así, esta angustia me mata.


A lo mejor simplemente es melancolía o una mini crisis adolescente, pero me duele.


Claramente me encantaría que el verano se alargara, o incluso quedarme aquí a estudiar o yo que sé, que pasara un milagro, pero es imposible, eso no ocurrirá, lo sé.


“Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”, dijo Pablo Neruda.


Sé que cuando me vaya todo empezará a cambiar, poco a poco o rápidamente, incluso lo que sentimos aunque digamos que no. Pero de lo que estoy segura es que hay cosas en la vida que una persona no puede olvidar, ni dejar de sentir. Hay cosas que pasan y te marcan, que duelen o te hacen cosquillas en el alma. Todo ocurre por algo. Quizá mi destino no sea quedarme con él, quizá mi destino sea estar toda mi vida acordándome de este verano. Quién sabe.


Me doy la vuelta y me destapo bruscamente. Me quedo inmóvil. Tengo calor y frio. Me pongo mirando al techo. Qué desesperación. Me echo las manos a la cabeza y me froto los ojos. Y sin pensarlo me levanto de la cama. Mis pies descalzos empiezan a caminar por el parquet y bajan las escaleras. El suelo está frio y la casa oscura. No debo despertar a nadie.


Entro en la cocina y enciendo la luz. Me deslumbra y arrugo los ojos.


Me lleno un tazón de leche y cereales de chocolate. Me siento en la mesa mientras sigo pensando en nada, cuando de repente oigo un ruido detrás de mí.


Veo la figura de mi madre entrando por la puerta y me sobresalto.


-¡Dios mamá, a la próxima avisa si no quieres matarme!


-Lo siento peque.


Peque. Tendré treinta años y me seguirá llamando así. La miro de reojo mientras hace el mismo recorrido que yo, se echa cereales en el plato y se sienta en frente mío.


-Te has puesto el batín que te regaló papá.


-Sí, pero siento que me hace gorda.- me contesta.


-No digas tonterías, estás estupenda.


Mi madre es una mujer de pelo corto, rizado y negro, muy negro. Tiene los ojos azules más claros que he visto, la nariz puntiaguda, y una boca pequeña que por alguna razón siempre se pinta de morado. También es muy morena de piel, igual que yo. Dos conguitos. Somos muy parecidas, exceptuando su estatura diminuta, los caracoles de su pelo y ese color de ojos que tanto envidio. Sin embargo mi padre y mis hermanos son otro caso.


Se engancha el pelo con la oreja, dejando ver un aro en el cartílago, ese que me encanta y que no me deja que me haga hasta los dieciocho años.


-Lali…


-Dime mamá.


Mira el plato y le da vueltas a la cuchara.


-Tengo casi cincuenta años y en esta larga vida he vivido y aprendido muchas cosas.


-No digo nada, está demasiado misteriosa.-una de ellas es que las ilusiones son perversas.


Hace una pausa y suspira. Saca una foto del bolsillo de su camisón. En ella aparecen mi madre y un chico más o menos de su edad. Están en una playa. Ella tiene el pelo largo igual que yo y un cuerpecillo precioso. Recuerdo el bikini que lleva, yo jugaba con él de pequeña. Sonríe mientras él la moja en la orilla, y sonrío al recordar aquella noche con Alex. Él, alto, atractivo. Tiene el pelo castaño y una sonrisa preciosa.


-¿Es papá? –pregunto fascinada.


-No. Se llamaba Armando, y fue en el verano que me fui a estudiar a Cuba de intercambio. Allí le conocí. Teníamos veinte años los dos. Creí que era el amor de mi vida ¿sabes?


-¿Y qué pasó?


-Tuve que volver. Él me dijo que me quedara allí con él y que nos casáramos, pero no tuve el valor suficiente. Hoy me pregunto qué hubiera pasado…-siento como se le inunda los ojos- Años después me di cuenta de que no era el amor de mi vida, sino mi primer amor verdadero, que son cosas muy distintas. Por eso mismo dicen que el primer amor no se olvida, que permanece intacto en el alma.


No le digo nada. Simplemente la escucho mientras de vez en cuando me llevo los cereales a la boca. Suspira y vuelve a la realidad.


-Lali, sé que vas a pasarlo mal cuando te vayas, es obvio que ese tal Alex te ha cogido bien, pero la vida sigue, y no, no me preguntes que cómo he sabido que tenéis algo, solo hay que verte. Yo, años después conocí a tu padre y ahora soy feliz con él, sin embargo él nunca sabrá lo que te estoy contando. Créeme cuando te digo que aun, después de tantos años, le quiero como el primer día y sé que él es el auténtico amor de mi vida. Armando solo es un recuerdo, y siempre lo será, y no he hecho nada nunca para evitar que lo fuera, ya que sería en vano. Cuando nos vayamos pasarán muchas cosas, gente nueva vendrá a tu vida, y todo estará bien.


Siento como el nudo en la garganta vuelve, y sé que tiene razón. Hay cosas en la vida que nunca podrán ser, y Alex nunca podrá ser para mí. Él será mi Armando. De repente una lagrimita empieza a caer por mi mejilla, y agacho la cabeza. Mi madre agarra mi mano.


-No llores peque, todo irá bien. Además, si te sirve de consuelo, el verano que viene volverás a verle. Yo a Armando no le volví a ver.


-Lo sé, y eso me consuela.- le digo sin fuerzas. Me seco las lágrimas y sonrío.- Gracias mamá.


Me levanto de mi asiento y dejo la taza en el fregadero. Me dirijo hacia la puerta cuando me viene una pregunta a la mente.


-Mamá…


-Dime peque.


-¿Volviste a saber algo de él?


-Estuvimos años enviándonos cartas, lo último que supe de él es que se había casado y tenía dos hijas.


Sonrío.


-Seguro que él también habrá encontrado al amor de su vida.


-Seguro. Buenas noches.


-Buenas noches mami.


sábado, 20 de agosto de 2011






¡Hola gente!



¿Qué tal el verano? Espero que bien.



Quería informaros de que probablemente hasta septiembre no podré escribir mucho, ya que llevo desde el mes pasado de viaje y a penas tengo tiempo de pensar en Alex y Lali y en como acabará esta historia.



Quería disculparme por no haber avisado antes, y sé que últimamente tardo demasiado en subir capítulos, y eso hace que le perdáis en interés, pero apartir de septiembre empezaré con el desenlace lo más rápido y bien que pueda, así que os recomiedo que vayáis 19 capítulos atrás, en este medio mes de calorcito que queda, para disfrutar de Soy Tuyo e ir despidiéndose.



Espero que paséis un buen agosto y gracias por haber esperado.



¡¡Os quiero!!

Pd: ya iré subiendo fotos de cómo me ha ido este gran viaje, espero que os gusten (:










Caoticabeleneth.

sábado, 23 de julio de 2011

19. Alex


Fotógrafo: Miquel Mas Fiol.




Las 9:15, voy por la calle para recoger a Lali en la esquina de siempre, dice que tiene una sorpresa para mi.
No estoy nervioso, al revés, me siento totalmente en mi sitio a pesar de todo, por eso he decidido ir a dar un rodeo antes de llegar a buscarla.


Mis pasos suenan tranquilos y lentos en el alboroto de la avenida. Los bares llenos de estrangeros me llaman la atención, y los platos que se llevan a la boca me despiertan apetito.


De repente doy un paso en seco, algo falla. Fuerzo la vista sin preocuparme por que alguien se moleste de mi observación, cuando le veo. Delante de una barra y con un vaso de wishky del caro en la mano, mi padre.


Un impulso me hace cruzar la calle, corriendo, sin temor a los coches. Me voy alterando más a medida que me acerco y veo como el líquido de su vaso disminuye, dejando solo el hielo.


Pero antes de entrar en el local, justo cuando voy a abrir la puerta algo me empuja a no hacerlo.


Me paro, le veo tras el cristal, tan extraño, tan acabado. Ya no era el hombre que fue, el que cuidaba a mi madre, el que protegía a mi hermana, el que me enseñaba a vivir.


Me alejo poco a poco y sigo caminando en mi dirección, tranquilo pero triste, impotente.


Voy directamente a buscar a Lali, por el camino más corto.


En poco tiempo llego, y ella ya me está esperando, con una mochila y tan preciosa como siempre.


Realmente yo también tengo una sorpresa para ella, y aunque sea una tontería, quiero mostrarle mis dotes musicales.


Me ve, sonríe y se abalanza a abrazarme.


-¡Hola amor!- Me da un beso en la mejilla.- ¿estás listo?


Su carisma de niña inocente me encanta.


-Sí, vamos.- le digo lo más alegre que puedo, aunque sé que no es tonta y ha notado mi estado de ánimo.


-¿estás bien?


-Sí, sí.


-Vale ...


Caminamos tranquilamente, inconscientemente cogidos de la mano, a gusto.


Llegamos al lugar donde estuvimos por primera vez solos, en las rocas.


Ni siquiera me había fijado en que ella llevaba una mochila, hasta ahora. De Pucca, como no. La deja en la arena, la abre, saca un pañuelo y me tapa los ojos.


-Ni se te ocurra mirar, o me enfado.


Río un poco y le hago caso.


Me apoyo en mis brazos y me siento en la arena con las piernas estiradas, debajo de una roca que sobresale.


Oigo el mar, y los ruidos rápidos que hace Lali. A saber qué estará tramando en su cabecita loca.


-Vale, ya está, ya puedes mirar- me dice.


Me quito el pañuelo de los ojos y la veo de pie, delante de mi, pero con diferente ropa.


Me asombra la rapidez de como se ha cambiado, ni siquiera me ha dado tiempo de echar una ojeadita.


Ha pasado de llevar una camiseta de dibujos a un top de gasa granate que se le engancha al cuello y le llega hasta el ombligo, con monedas que cuelgan y hacen ruido cuando se mueve.


Una falda larga hasta los tobillos, también de gasas granates y moradas, con un cinturón de monedas. En su pelo, una cinta dorada. En su brazo derecho, un brazalete, también dorado.


Conecta un pequeño altavoz con música y empieza a sonar una canción de la que no recuerdo el nombre, pero creo que era de Chambao.


Coge delicadamente un pañuelo del suelo y se pone de espaldas a mi. Se echa el pelo a un lado y comienza a mover las caderas y las muñecas al ritmo de la música. Dos lunares adornan su hombro derecho encima de una piel morena.


La danza del vientre la absorbe por completo, empieza a moverse como si improvisara, pero tan perfecto como si lo hubiera ensayado durante toda su vida.


Parece bailarle a la puesta de sol, pero no, me baila a mi.


Embobado, absorto, miro cada uno de sus movimientos. Y de repente ya no es una niña, y yo... pues sí, me doy cuenta.


Me encanta ver como su piel se estira y se encoge, como su cuerpo está moviéndose al son del viento.


Ella me mira seria de vez en cuando, con sus ojos oscuros que penetran en mi como cuchilladas. Me concentro en ella, en su cuerpo, en su respiración nerviosa, en como levanta la arena con sus pasos. Se esconde detrás del pañuelo y veo como el contorno de sus curvas se mueve. Me encantaría derrapar por ellas...


Y de repente acaba la canción y ella me sonríe.


Le aplaudo sin palabras, y ella hace una reverencia cruzando una pierna delante de la otra.


-¿Qué te ha parecido?


-¡No hay palabras!


Se ríe feliz y se tumba a mi lado dándome un beso rápido.


-Vale, me toca.


-¿Eh? ¿Cómo que te toca?


-Ahora verás.


Busco en mi bolsillo mi armónica y la saco con cuidado, pero al sacarla, se resbala de mis dedos y cae en la arena.


-Mierda.


-¿Qué pasa?


La cojo y la sacudo delicadamente.


Sin decirle nada, me la llevo a los labios y empiezo a soplar. La muevo de un lado a otro de mi boca, con delicadeza. Lali está callada, sorprendida y a la vez tranquila.


Me mira casi sin pestañear, y yo la miro de vez en cuando.


La melodía se mezcla con el sonido de las olas, y el momento se vuelve perfecto. Pasamos allí el resto del tiempo hasta la noche, jugando, refugiándonos de las nubes que hoy han cubierto el cielo mediterráneo.


-Son casi las doce, amor. ¿Me acompañas?


-Sí, venga.


Las calles están vacías, como de costumbre cada vez que vuelvo con ella.


La dejo en la esquina y nos despedimos con un beso.


-Alex...-murmulla sin dejarme marchar.-¿Qué pasará?


-¿Qué pasará de qué?


-Ya ha empezado agosto, y pronto será septiembre...


Suspiro.


-No quiero pensar en eso ahora.- le digo.


Voy a darle un beso en los labios, pero de repente ella se desvía y me da uno en la mejilla. Me mira con los ojos brillantes.


-Está bien...- me giro y me voy enfadado.


Ella no ha dicho nada. Ni siquiera sé lo que acaba de pasar.


Estoy malhumorado, aturdido.


Me giro una vez más y la veo entrando a casa.


Se me empañan los ojos y me contengo. No tengo respuesta para su pregunta, y eso me angustia.


Llego a casa con el corazón en la garganta.


Oigo ruido en el salón y me asomo.


Mis padres hablan, pero parecen tranquilos.


De echo, mi padre besa a mi madre y la abraza.


Me calmo un poco, pero me parece demasiado raro.


Miro las escaleras y las veo más largas que nunca.


Me dejo caer al suelo y me siento al lado de la puerta, con los codos en las rodillas.


Rompo a llorar, sin saber si tengo motivo. Y me viene a la mente Lali, pero se aleja.


Pienso en lo que me he dicho, en su mirada, en como me ha dicho esas palabras que me han hecho tantísimo daño. Y pienso que si se va me voy con ella...


No te vayas, por favor. Yo te necesito.